El arzobispo de Corrientes, Monseñor José Adolfo Larregain, reflexionó sobre el significado profundo de esta celebración. Convocó a las familias a renovar la fe, fortalecer los vínculos con la vida, la verdad y la solidaridad, en un contexto marcado por dificultades económicas y sociales.
En la celebración de la Pascua de Resurrección, fecha central del calendario cristiano, el arzobispo de Corrientes, José Adolfo Larregain, compartió una reflexión en la que brindó un mensaje cargado de espiritualidad y compromiso social, donde puso foco en la necesidad de recuperar la esperanza en tiempos atravesados por la incertidumbre.
«El corazón de nuestra fe es la Pascua de Resurrección», expresó el prelado, al tiempo que remarcó que este acontecimiento central del cristianismo representa «la certeza viva que Cristo venció a la muerte y que la vida es la que tiene la última palabra».
Subrayó que el mensaje pascual no es solo una conmemoración litúrgica, sino una invitación concreta a transformar la realidad cotidiana. Larregain describió el contexto actual como un escenario complejo para muchas familias, atravesadas por dificultades económicas, falta de trabajo, tensiones sociales y preocupaciones por el futuro. A ello sumó problemáticas como las adicciones, las heridas emocionales y el sinsentido que muchas veces afecta la vida diaria. Frente a este panorama, sostuvo que la Pascua «irrumpe como una luz que no se apaga», ofreciendo una perspectiva de renovación y de posibilidad.
«El Evangelio nos anuncia que el sepulcro está vacío y con ello nos dice que ninguna situación está definitivamente perdida», afirmó.
Planteó que incluso en los momentos más difíciles existe la posibilidad de recomenzar, de levantarse y volver a creer.
INEXORABLE ROL DE LAS FAMILIAS
El arzobispo hizo hincapié en el rol de las familias como espacios fundamentales para la reconstrucción del tejido social.
Señaló que «donde una familia elige dialogar, sostenerse, rezar unida y compartir lo que tiene, allí Jesús resucitado se hace presente». Para el prelado es en los gestos cotidianos donde comienza a gestarse esa «vida nueva» que propone la Pascua. Esa valoración toma un cariz distinto en este presente con tantas asimetrías, sobre todo en el plano social.
Apoyándose en las enseñanzas de San Pablo, particularmente en el pasaje de la Carta a los Romanos, recordó que «si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con Él», destacando que esa promesa se traduce en acciones concretas de cada día. Vinculó la fe con la práctica diaria de valores como el perdón, la solidaridad y la comunión.
No dejarse vencer por la desesperanza
Larregain advirtió sobre el riesgo de la indiferencia y la desesperanza que parecen imponerse en la sociedad actual. Frente a ello, convocó a los fieles a convertirse en testigos activos del mensaje pascual. «No podemos quedarnos encerrados en nuestros miedos», enfatizó y recordó que el resucitado envía a anunciar que la vida ha vencido.
Propuso asumir un compromiso integral: con la vida, la verdad, la justicia y, especialmente, con los más vulnerables. En este punto, llamó a reconstruir vínculos, tender puentes y no resignarse a la división ni al desaliento, aspectos que consideró claves para la convivencia social.
El pastor retomó el espíritu de la conocida oración atribuida a San Francisco de Asís para invitar a ser «instrumentos de paz», una paz que, según indicó, comienza en el corazón, pero debe proyectarse hacia la familia, la comunidad y el conjunto de la sociedad.
El arzobispo dejó un mensaje de aliento y bendición para todos los fieles, deseando que el Señor resucitado «renueve los corazones y fortalezca a las familias» para caminar con fe y valentía. «No tengamos miedo. Cristo venció y con Él también nosotros podemos construir un futuro nuevo y lleno de esperanza», concluyó.
Estos conceptos del referente de la Iglesia en la provincia se inscriben no solo en el plano religioso, sino también en una lectura social del presente, en la que la Pascua aparece como una oportunidad para recomponer la esperanza, fortalecer los lazos comunitarios y apostar a un futuro más solidario, con empatía y sentido común.
Para culminar, el pastor deseó: «Que tengan una feliz, santa y bendecida Pascua de Resurrección. ¡Qué Dios los bendiga!«.
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