Para el analista internacional, no está claro que el posicionamiento ideológico de derecha sea la principal explicación, pero sí que influyen de manera determinante su rechazo al sistema político.
No todos consideran que la derecha esté avanzando en Latinoamérica: muchos creen que, en verdad, están avanzando los líderes antisistémicos. Pero es importante aclarar que el antisistemismo en la región está más vinculado a la derecha que a la izquierda.
En efecto, el sistema se había corrido tanto a la izquierda (con una preeminencia en la llamada batalla cultural impulsando las ideas “woke”), que el espectro antisistémico quedó referenciado en líderes de derecha.
¿Y qué es un “candidato antisistémico”? Es un candidato que patea el tablero del sistema y se alimenta del destrozo de los demás candidatos y de los intentos por destrozarlos a ellos. Todo tipo de críticas, incluso algunas muy fundadas y profundas por parte de actores del sistema, son reprocesadas por los antisistémicos, que se alimentan de ellas. Y así se tornan muy difíciles de derrotar.
Enarbolan la bandera del problema central de la sociedad en la que están compitiendo. Por ejemplo, era lógico que en los EEUU, donde la falta de empleo por las industrias que se iban a México o China, ganara un empresario que prometiera revertir esta situación. En Brasil, un militar que prometiera reforzar la seguridad. En la Argentina, un economista liberal libertario cuya solución al principal problema —una economía que no arrancaba— prometiera cambios tras décadas de estancamiento. Todos ganaron también con un clima antisistémico de fondo.
Dado que el candidato antisistémico se fortalece con la crítica, puede haber una tendencia a confundir respecto a si gana por ser de derecha o por ser antisistémico.
Vale hacer un pequeño repaso:
En Honduras ganó Tito Asfura, claramente de derecha.
En El Salvador gobierna Nayib Bukele hace tiempo, también de derecha.
Abelardo De la Espriella ganó en Colombia. Obviamente de derecha y antisistémico.
Daniel Noboa, en Ecuador, es de derecha, pero no es antisistémico. De hecho, pertenece a una de las familias más ricas del país e hijo de un excandidato.
En Perú, no se puede decir que Keiko Fujimori sea antisistémica.
Rodrígo Paz es hijo de un presidente, pero podría decirse que es antisistémico porque irrumpió de la nada.
En Paraguay Gobierno Santiago Peña, que es de derecha.
En Argentina, Milei: antisistémico de derecha.
También lo es Kast en Chile.
Quedan a la izquierda Uruguay, Brasil, las Guyanas y México, mientras que los países de Centroamérica están mayoritariamente en soluciones de centro. Y, obviamente, habrá que ver qué ocurre con Nicaragua, Cuba… ¿Y Venezuela? ¿A dónde la ponemos? Es realmente una incógnita.
Entonces, el gran desafío para las derecha ahora es construir una gran unión, un esquema intercontinental que no solo provoque sinergias y ayude a propagar las ideas en cada uno de los países en los que han triunfado, sino que también contribuya a generar proyectos continentales. ¿Qué pasaría si EEUU propusiera ahora algo similar al ALCA, sin Chávez, ni Kirchner, ni Correa, sin Maradona, sin Kusturika, ni todos los que propiciaban el famoso “ALCA, ALCArajo”…? Solo queda Lula.
Por eso, en conjunto, deben aprovechar esta coyuntura para lograr una fuerza que garantice beneficios concretos para los habitantes de toda la región.
Agencia NA

