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Peregrino: una sensación sin palabras

«Ser peregrino es una sensación que es imposible describir con palabras». Cada 13 de julio, cuando San Luis del Palmar inicia su histórica peregrinación hacia la Basílica de Itatí, miles de personas parten con una misma certeza: el camino comienza mucho antes del primer paso. Para Medalla Alcaraz Meza, esa preparación no se mide en días ni en semanas, sino en un año entero de espera, recuerdos y esperanza.
«El peregrino llega de regreso a San Luis el 18 de julio y el 19 ya se está preparando nuevamente para el próximo año», resumió. En esa frase sencilla se condensa una manera de vivir que atraviesa generaciones y explica porque esta manifestación de fe constituye uno de los rasgos más profundos de la identidad sanluiseña.
Medalla lleva 26 años peregrinando junto a la familia de su esposo. Antes que ella, estuvieron sus abuelos. Hoy, comparte el camino con sus hijos y con una extensa familia política que convirtió la peregrinación en una herencia viva. «Soy nuera de doña Tita Esquivel de García, que con sus 88 años aún sigue peregrinando. Somos casi 50 integrantes y este año estamos más de 25 reunidos en Itatí», contó mientras la sobremesa familiar transcurre entre guitarras, abrazos y conversaciones que parecen prolongar el camino recorrido.
En San Luis del Palmar, la peregrinación nunca pertenece únicamente a quien camina. Es un pueblo entero que acompaña, espera y se reconoce en esa marcha que une generaciones. Por eso, Medalla insiste que «ser peregrino es toda una travesía» y que resulta imposible explicar con palabras lo que sucede durante esos días. «Es una sensación imposible describirla. Hay que vivirla, hay que sentirla», afirmó y recordó que incluso las circunstancias más difíciles pusieron a prueba esa convicción. La pandemia de Covid19 o la gripe A modificaron rutinas, pero no lograron quebrar el vínculo espiritual que los une con la Virgen de Itatí.
Su historia personal también está atravesada por esa fe. Reveló que, contra todo pronóstico médico, pudo convertirse en madre de dos hijos, a quienes define como «el Milagro de la Virgen». Desde entonces, cada aniversario de la coronación pontificia encuentra a la familia renovando el mismo gesto: poner bajo el manto de María a sus hijos, a los adultos mayores, a los enfermos y al que más lo necesita.
La peregrinación -sostiene-, también enseña algo que trasciende lo religioso. En tiempos donde las obligaciones cotidianas muchas veces impiden reunirse, el camino vuelve a unir a padres, hijos, nietos y amigos alrededor de una misma experiencia.
«Hoy cuesta incluso reunirnos en familia. Poder estar todos juntos, enchamigarnos y abrazarnos con ese amor que solamente la familia puede dar también forma parte de esta peregrinación», reflexionó. Por eso considera que el reconocimiento de la peregrinación como Patrimonio Cultural Inmaterial permitiría mostrar al mundo valores que van mucho más allá de una celebración religiosa: la solidaridad entre desconocidos, la transmisión de las tradiciones, el esfuerzo compartido y el sentido de pertenencia de todo un pueblo.
Cuando llega el momento de definir qué significa volver a Itatí cada año, Medalla volvió a las imágenes que mejor expresan su experiencia. Habla de dejar «la mochila pesada» del alma, de encontrar paz y de renovar la esperanza en medio de tiempos difíciles.
Antes de despedirse, resumió el espíritu de quienes emprenden este camino, con una frase que en San Luis del Palmar ya forma parte del patrimonio afectivo de su gente: «En la fe del peregrino no hay cansancio».

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