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Semana Santa: fe y esperanza en una región marcada por la pobreza

En su homilía de Domingo de Ramos, José Adolfo Larregain invitó a mirar la Pasión de Cristo a la luz de la realidad social actual. Señaló que la pobreza persistente y las tensiones del país interpelan a vivir la fe con verdad, compromiso y esperanza.
Con la celebración del Domingo de Ramos, la Iglesia dio inicio a la Semana Santa, el tiempo más profundo del calendario litúrgico cristiano. En ese marco, el arzobispo de Corrientes, José Adolfo Larregain, reflexionó sobre el sentido de la Pasión de Cristo y su relación con los desafíos sociales actuales, especialmente en una región marcada por la pobreza y la incertidumbre.
«Hoy entramos en el corazón del misterio cristiano. Comenzamos la Semana Santa con una escena que es, al mismo tiempo, de júbilo y de drama», expresó Larregain al referirse a la liturgia del Domingo de Ramos. En ese sentido, recordó que el mismo pueblo que aclama a Jesús con el grito de «¡Hosanna!» será el que poco después pedirá su condena.
El arzobispo subrayó que la narración de la Pasión según el Evangelio de San Mateo muestra cómo Jesús es condenado en medio de una compleja trama de intereses, miedos e indiferencias. «Poncio Pilato reconoce su inocencia, pero no se juega por la verdad; la multitud se deja manipular; los discípulos huyen; uno lo traiciona y otro lo niega», señaló.
Destacó que en medio de ese escenario aparece el rasgo central del mensaje cristiano: el amor llevado hasta el extremo. «Jesús ama hasta el final», afirmó, y remarcó que ese relato no debe entenderse solo como un hecho del pasado, sino como una invitación a reflexionar sobre la realidad presente.
En ese punto, Larregain puso la mirada en la situación social de la región. Recordó que muchas comunidades del nordeste argentino conviven desde hace años con dificultades estructurales vinculadas a la pobreza, el trabajo precario y la incertidumbre económica.
«En nuestra región, marcada tantas veces por la pobreza persistente, por las dificultades laborales y por la incertidumbre de muchas familias, vemos rostros concretos de Cristo sufriente», sostuvo.
El arzobispo también hizo referencia al clima social y político del país, caracterizado por tensiones y debates cada vez más duros. Según planteó, cada vez que se desprecia la dignidad del otro o se lo convierte en enemigo, vuelve a resonar simbólicamente aquel grito que exigía la crucifixión de Jesús.
La reflexión se extendió también al contexto internacional. Larregain recordó las guerras, la violencia y las migraciones forzadas que afectan a distintos pueblos del mundo. En ese sentido citó la advertencia reiterada del papa Francisco, quien describió el escenario global como una «tercera guerra mundial en partes», marcada por múltiples conflictos simultáneos.
Frente a ese panorama, el arzobispo propuso tres claves para vivir la Semana Santa con profundidad. La primera es la fidelidad a la verdad. Jesús, dijo, no responde con violencia, pero tampoco renuncia a su identidad ni a su misión, mostrando una forma de autoridad basada en el amor y no en el poder.
La segunda es asumir la cruz con sentido. Para el cristianismo, explicó, el sufrimiento no se busca, pero puede ser vivido con esperanza cuando se une al camino de Cristo. Enfermedades, conflictos o dificultades personales forman parte de las cruces cotidianas que muchas personas enfrentan.
La tercera clave es la esperanza que nace incluso en la oscuridad. En el relato evangélico, el momento más dramático —la muerte de Jesús— se convierte al mismo tiempo en el inicio de una nueva etapa. Al concluir su homilía, Larregain invitó a vivir la Semana Santa más allá de los gestos externos. «No nos quedemos solo en los ritos. Tomemos el ramo en nuestras manos, sí, pero sobre todo abramos el corazón», expresó.
Encomendó el camino espiritual de estos días a la figura de María, a quien describió como la madre fiel que permanece al pie de la cruz. «Que esta Semana Santa renueve en nuestra Iglesia y en nuestro pueblo la certeza de que el amor de Cristo es más fuerte que todo mal», concluyó.

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