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El Flaco al Mundial: un sueño que se transformó en realidad

«Que José vaya al Mundial, mí es una emoción y una locura». Detrás del delantero de 25 años que hoy brilla en el Palmeiras y que Lionel Scaloni incluyó en la lista para la Copa del Mundo, se esconde una historia de sacrificios extremos, desarraigo familiar y el ojo clínico de Javier Kloz, el formador que lo descubrió cuando se «coló» en una prueba.

NO OLVIDA RAÍCES, SIEMPRE EN CONTACTO CON QUIEN LO FORMÓ EN SUS PRIMEROS PASOS
La provincia de Corrientes todavía respira esa atmósfera de incredulidad y orgullo que solo el fútbol, en su estado más puro, es capaz de generar. La noticia corrió como un reguero de pólvora por cada rincón del Taragüí: José «El Flaco» López, el delantero de 25 años que hoy rompe redes en el Palmeiras de Brasil, fue incluido por Lionel Scaloni en la lista de los 26 futbolistas que defenderán la camiseta de la Selección Argentina en el Mundial de Estados Unidos, Canadá y México.
La sorpresa fue mayúscula, pero la emoción lo fue aún más. Después de varias citas mundialistas de sequía para la tierra del chamamé, Corrientes volverá a tener a un hijo legítimo en la máxima competencia ecuménica.
Sin embargo, detrás de las luces que encandilan del Allianz Parque de Sao Paulo y de la mística de la camiseta albiceleste, existe una historia de barro, un Ford Falcon, familiares gastados de tanto andar caminos y rutas, pensiones solitarias y una persistencia que desafió todas las leyes de la lógica futbolística. Esta es la historia del «Flaco», contada desde las entrañas de Saladas por el hombre que lo vio nacer al fútbol: Javier Kloz, director de la escuela La Academia.

El día del «colado» que jugaba de 2
Para entender el presente mundialista de José López hay que retroceder más de quince años en el tiempo. La escena transcurre en Saladas, entre los años 2009 y 2010. El histórico captador de Boca Juniors, Omar Larrosa, había llegado a la localidad para realizar una prueba de jugadores. La convocatoria era masiva, pero acotada a ciertas categorías. Desde la vecina localidad de San Lorenzo, ubicada a poco menos de 30 kilómetros de Saladas, llegó una delegación de chicos. Entre ellos, un flaquito indomable que no daba la edad reglamentaria para la prueba.»La captación no era para su categoría, José era más chico y vino de ‘colado’», recordó Javier Kloz. «Hubo dos cosas que me llamaron la atención porque lo veía chiquito. Le pregunté cómo se llamaba y me dijo José; qué categoría sos, y me dijo 2000. Y bueno, quedó ahí, pero la verdad es que lo que percibí en ese momento, por la edad que tenía, era una locura».En sus primeros partidos en el Club Social y Deportivo La Academia de Saladas, el «Flaco» no llevaba la camiseta número 9 que hoy lo identifica en el continente. «Cuando vino a Saladas y jugamos el primer torneo le pregunté de qué jugás y me dice ‘de 2’. Pero después, en el área propia, los gambeteaba a todos y se iba. Obviamente lo corrí más adelante, como armador, le puse tres chicos alrededor y empezó a meter unos pases que dejaba solos arriba a los compañeros», relató Kloz con la precisión de quien guarda un tesoro en la memoria. Con esa fórmula, La Academia se consagró campeona provincial Sub12, con un José López que apenas acusaba 11 años de edad y una madurez futbolística impropia de su infancia.

El nudo en la garganta y el desarraigo total
Aquel año y medio inicial en Saladas sirvió para sellar un pacto implícito entre Kloz y la familia de José. En un viejo Ford Falcon, los padres del chico se acercaron a la escuelita a preguntar condiciones. Kloz, mitad en broma y mitad en serio, les lanzó una profecía: «Déjenlo un año acá que yo lo llevo a Buenos Aires». Y cumplió. A través de sus contactos, consiguió pruebas en Quilmes e Independiente de Avellaneda. Finalmente, el «Rojo» se quedó con el correntino.
Pero el fútbol formativo en la gran capital no sabe de romanticismos. Para un chico del interior profundo, la pensión puede ser un monstruo indomable. «La primera noche en la pensión lloraba como gato, tuvimos que ir a buscarlo», evocó Kloz entre risas nostálgicas. La solución fue drástica y demostró de qué estaba hecha la familia López: los padres, junto a sus dos hermanas debieron dejar la escuela, el barrio, los amigos y su casa en San Lorenzo para mudarse a La Plata y alquilar una vivienda para contener al pibe.
Durante años, la carrera de José penduló sobre la cornisa de la frustración. Su físico, por entonces extremadamente delgado y liviano, generaba dudas en los coordinadores de Buenos Aires. «Todos los años lo dejaban libre, y yo pasaba con un nudo en la garganta», confesó su formador. En una ocasión, fue el ídolo de Independiente, José Percudani, quien lo salvó tras un partido brillante: «Javier, salvé a tu jugador», le dijo. Sin embargo, el destino final en Avellaneda no prosperó y, tras quedar libre, Kloz intercedió para que recalara en las inferiores de Lanús.
«Lamentablemente su mamá falleció cinco meses antes de que José debutase en la Primera de Lanús con 20 años. Su padre se jubiló y me dijo: ‘Mirá Javier, vos nos trajiste acá, nosotros te vamos a consultar todo’. Por eso mi relación con él es tan especial. Dormíamos en el auto, juntábamos para la nafta… Por eso cada vez que volvía a Corrientes ya consagrado en Brasil, primero venía a mi casa en Saladas y después iba a San Lorenzo», relató Javier Kloz. El ascenso posterior fue meteórico. Tras el parate por la pandemia, el hermano de Lautaro «El Laucha» Acosta le propuso jugar de «9» en la Reserva por sus condiciones físicas. Ante la falta de refuerzos en el primer equipo, Luis Zubeldía posó sus ojos en la Tercera. José subió a entrenar con Primera, metió un gol de cabeza en su primera práctica y no bajó nunca más.

La paradoja de Tres Arroyos y la bendición del «Pepe»
La trayectoria del «Flaco» tiene un punto de inflexión insólito, un viaje que parecía el fin de su carrera y terminó siendo su refundación. Cuando jugaba en la Quinta División de Lanús, la dirigencia consideró que al correntino «le faltaba roce». La propuesta fue enviarlo a préstamo a Colegiales de Tres Arroyos para disputar la liga local. «Fue para atrás en vez de ir para adelante», analizó Kloz.
«Yo interpretaba que querían que José se foguee porque era muy buenito. Dije: ‘A este lo quieren mandar allá para que le metan un par de patadas, que se curta’. Y en Tres Arroyos tuvo su etapa de crecimiento en todo sentido, futbolístico y físico, porque creció hasta el 1,90 metro actual, y le empezó a encontrar el gustito a hacer goles». Salió campeón, fue elegido el mejor jugador de la ciudad por el periodismo local y regresó a la Fortaleza Granate transformado. Allí encontró a un tutor de lujo: el eterno goleador correntino José «Pepe» Sand. El «Pepe» lo cobijó, le transmitió el oficio del área y lo preparó para dar el gran salto de su vida en 2022, cuando el Palmeiras de Brasil desembolsó una suma importante para quedarse con su pase, ganándole la pulseada al mismísimo River Plate.

La batalla de São Paulo y el llamado del «Ratón
El desembarco en el fútbol brasileño no fue un camino de rosas. El primer año en el Verdão fue hostil. José sumaba pocos minutos y un gol errado de taco tras un pase de Dudu en la Copa Libertadores lo condenó provisionalmente al banco de suplentes y a la reprobación popular. Pero la resiliencia ya era una marca registrada en su ADN. El «Flaco» se sometió a un reacondicionamiento físico brutal: aumentó 10 kilos de masa muscular para aguantar los embates de los defensores del Brasileirão. «Antes vivía en el piso, lo tiraban contra los carteles. Hoy van a chocarlo y ya es otra cosa», describió Kloz. El 2024 y 2025 lo consolidaron como una de las figuras indiscutidas del equipo paulista. La convocatoria al Mundial se gestó en el más absoluto de los secretos. El jueves previo a la difusión de la lista de Lionel Scaloni, José se encontraba cortándose el pelo junto a su compañero de equipo Agustín Giay previa a su partido por el cierre de la fase de grupos de la Copa Libertadores ante Junior de Barranquilla al que Palmeiras goleó 4 a 1. Sabía que estaba en una prelista, tras un llamado semanas atrás de Roberto «El Ratón» Ayala, miembro del cuerpo técnico de la Selección, quien le había pedido estricta confidencialidad. Tras finalizar el partido de ese jueves con Palmeiras, la confirmación oficial desató la locura en Saladas y San Lorenzo.

La pureza intacta frente a los flashes del mundo
A pesar de codearse con la élite del fútbol mundial, de los viajes constantes en avión y de las luces de la fama, quienes conocen a José López aseguran que el éxito no ha logrado corromper su esencia de pueblo. «Sigue igual, con esa ingenuidad», concluyó Javier Kloz con la voz llena de orgullo de haber cumplido su propio sueño: el de aquel técnico de escuelita humilde que alguna vez le prometió a su madre que vería a uno de sus «pollos» a través de la pantalla de televisión. «La fama la manejó muy bien. El otro día me decía: ‘Vos sabés, Javi, que con el tema de la Selección la gente me llama, me invita, pero no voy. Yo siempre hablo con vos, con papá, con mi hermana’. En esto hay muchos que se prenden ahora, pero yo puedo hablar con la autoridad de haber estado cuando él no era nadie». El «Flaco» López ya es mundialista. El chico que aprendió a meter pases gol entre las calles de tierra de San Lorenzo y la escuelita de fútbol de Saladas, que se moldeó a golpes y goles en el ascenso profundo, hoy se prepara para la cita mayor de los Estados Unidos, Canadá y México. Corrientes entera se calza la celeste y blanca, sabiendo que en el juego aéreo de la Selección habrá un pedazo de nuestra identidad volando más alto que ninguno.

Ernesto Fernández
Redacción época

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